7 de febrero de 2008

Renovarse o resistir

Informe sobre la situación del metal argentino, publicado el viernes 1º de julio de 2005 en el Suplemento Sí de Clarín.

Tery, guitarrista de Carajo, suelta el hiper-ultra-conocido riff de Smoke on the Water en un escenario de Lomas de Zamora y el público responde con muecas de sorpresa. Corvata tiene que salir a justificar el blooper diciendo "son chicos y no conocen esos temas". Igual, pero al revés, los Cabezones fueron recibidos por una lluvia de objetos contundentes por parte del ortodoxo público de Iron Maiden cuando telonearon a los ingleses en el 2001.

Si el metal fuese una moneda, en Argentina sería bien distinguible cuál es la cara y cuál, la cruz. Ya pasaron los tiempos en los que todo heavy de ley cantaba Brigadas metálicas como himno de una comunidad tan cerrada como autosuficiente. Ahora la lucha es interna y divide las aguas: renovarse o resistir. Mientras para algunos el dilema más importante es saber si V8 murió o no, otros prefieren cortar por afuera y llegar un poco más allá, tal como hizo A.N.I.M.A.L. Promediando los '90, fue el primer grupo sin ex-músicos de V8 en llegar a las grandes ligas del metal criollo... y también el único.

"El público metalero es como el tanguero: trata de conservar la pureza. La gente no acepta a las nuevas bandas porque carecen de carisma", dice Gabriel Ganzo, ex batero de Horcas y actual Razones Concientes.

Como si fuese una batalla generacional, la vieja escuela cierra sus filas y cuida celosamente su patrimonio: una repisa de símbolos (caudillos vivos como Ricardo Iorio, músicos fallecidos como Osvaldo Civile y hasta letras como "la H") que no está dispuesta a compartir con nadie de afuera. Como sucede con el peronismo, el lema parece ser: si no se desciende de V8 (como Iorio, Almafuerte, o Giardino, Rata Blanca) no se asegura la gobernabilidad. Muchos iniciados que son soportes de bandas conocidas no pueden salir del laberinto litúrgico sucumbiendo ante el pedido del público de tocar clásicos del heavy nacional (el más escuchado: "¡Destrucción, destrucción!"). "Lo hacen para mostrarse ante la gente de los grupos que telonean, aunque después no progresan porque el fanático termina rechazando las copias", dice el Tano Romano, ex violero de Hermética y de Malón. Otros prefieren marcar territorio esquivándole al negro chupín y la cara de malos, pero se legitiman a través de los gustos, como César, de Cabezones ("en Santa Fe tenía posters de Maiden y Metallica" confesó una vez) o Corvata, de Carajo ("Zeppelin fue mi primera banda preferida" dijo meses atrás).

¿Cuál es el problema entonces para que en diez años no haya surgido una nueva propuesta convocante? El mercado no es, ya que está capacitado para permitir la coexistencia de casi quince sellos independientes, media docena de revistas especializadas y una infinidad de programas radiales. Palabras como "movimiento", "caudillo" o "nacionalismo" vuelven inevitable a la comparación con el peronismo. Así está la convivencia musical de la derecha, de la mano de la vieja camada de heavies (Almafuerte, Tren Loco, Razones, Rata Blanca y, cada vez menos, Horcas); el centro, representado por aquellos que ya no son una cosa pero tampoco llegan a la otra (Oconnor, Carajo, Nativo, Plan 4); y la izquierda revolucionaria, con las tendencias más refrescadas (el stoner y el metal ultraextremo). Una convivencia tensa y muchas veces conflictiva. ¿Será como aquella analogía que Antonio Cafiero hizo entre el justicialismo y una bolsa de gatos, dentro de la cual los felinos parecían pelearse pero en realidad se estaban reproduciendo? ¿O simplemente será porque, tal como confiesa el cantante Claudio O'Connor, "somos re heavies, re jodidos"? Por ahora, están más bien desunidos y dominados
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RICARDO IORIO (Almafuerte)
"Hay excelentes bandas, como El León o Kybalión, que están para competirle a cualquier tragaleche del mundo. Existe una mano negra que advirtió que en Argentina el heavy es el bastión del cristianismo y del nacionalismo y que apunta a cosas muy de la familia, de hacerse cargo y de corregir errores. Entonces no le conviene su divulgación. Cuando existe un barrio problemático, un montón de pelotudos dicen: "¡Ay, allá es re heavy!". Mientras estás vivo te vomitan y te cagan, y si te moriste, mucho mejor. ¿No viste lo que pasó con Pappo?"
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ADRIAN BARILARI (Rata Blanca)
Acá no hubo propuestas serias de bandas y empezó a aparecer la moda de los grupos que hacían un rock más popular para que lo consuman sólo acá. Nosotros miramos para afuera y logramos abrir un mercado en el exterior. Nunca entendí las divisiones entre bandas, aunque ayudada mucho también la cuestión de barras que tiene el público de decir "yo soy de uno, y por eso no sigo a otro". Después cada artista sabrá qué hacer con su propia música. Yo puedo tener problemas con alguien, pero no los voy a arreglar arriba del escenario".

CLAUDIO O'CONNOR
"En el metal hay mucho prejuicio a mezclarse con gente de otros palos, y eso es por egoísmo a no querer compartir nuestro lugar y nuestra historia con otros que no son iguales. Y temor a que otros piensen que somos lo que en realidad no somos por estar con tipos que puedan parecer blandos. Es un desperdicio de humanidad estar pendiente solamente de si vuelve Hermética. Es como que yo vaya a la iglesia y pida que resuciten a Cristo de nuevo porque hace 2 mil años yo no nací y no lo pude ver. ¡Se me paran los pelos con esas cosas!".

CORVATA (Carajo)
"La renovación no se da porque hay una gran falta de amor en la gente del metal. No te digo que en el pop son todos muy amigos, pero acá cada banda siempre hizo la suya. Nosotros con A.N.I.M.A.L. tratamos de ser abiertos y algunos nos respetaron, aunque también nos comimos muchos palos. Es re difícil bancarse esta música, porque tenés que ser coherente con el mensaje y contundente con la propuesta, entonces hay gente que prefiere hacer otras cosas. También ya pasó el fervor de los '90, cuando venían todos los grosos de afuera".

ANDRES GIMENEZ (A.N.I.M.A.L.)
"Acá hay tres vertientes muy marcadas: el metal más abierto como el nuestro, el radical que es el de Iorio y el clásico de Rata. Cuando nosotros empezamos, vimos que había falta de apertura mental y musical, y creo que nuestro aporte fue liberar a mucha gente que buscaba una banda con orígenes en el metal, pero que luego no se estancó. El problema es que los grupos que marcaron un hito lo hicieron de una forma tan contundente, que todos los que vinieron después cargan el estigma de "sonar parecidos" y por eso no pueden avanzar"
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